Tan lejos pero tan cerca, somos dos peces de distintas aguas.
Recorremos el río y seguimos su curso, estamos bajo el mismo agua y sin embargo no podemos alcanzarnos.
Estamos tan perdidos que hasta nos encontramos, en un lugar recóndito, sin tocarnos y sin sabernos.
Estamos sin estar y somos sin ser. Respiramos emociones que nos llenan de vidrio roto, que se clavan dentro de nosotros. Pero son tan finitos, tan imperceptibles que hasta incluso nos permiten sonreír y ser felices.
Pero mientras más respiramos, más nos dañamos. Incluso cuando es acompasada, cuando es al lado tuyo, cuando se acomplan y van al mismo ritmo. Tarde o temprano nos termina doliendo, por que aun que estemos una al lado de la otra, estamos tan lejos.
Para cuando nos damos cuenta ya es tarde, por que hemos aprendido a vivir con una presencia que no es nuestra. Personalmente me doy cuenta que mi corazón está en un cuerpo que no es el mío, y no me arrepiento... pero duele, y es un dolor agradable. Y aun que sepa que es buena señal, me angustia.
Por qué estamos tan lejos, pero tan cerca.
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