Todo es un sistema, uno inmenso, que ni siquiera los más open minded pueden ver.
Estamos en un cambio constante que no percibimos. La moda es un gran ejemplo, muy claro y conciso, esta temporada es azul y la que viene es rojo. ¿Pero quién se pone a pensar en los cambios que damos como sociedad? Los imperceptibles, los que ni los sociólogos pueden ver o que detectan en el futuro, cuando se ponen a pensar del pasado.
Somos parte de algo muy grande, tan grande como cuando mamá nos prepara esa cena que tanto estábamos esperando, justo tu comida favorita en uno de tus peores días. No somos conscientes y nos encaprichamos: vemos y queremos... Un mes más tarde, cuando lo que tenemos no nos satisface más, pedimos otra cosa.
Y cuando hablo de eso, no estoy hablando sólamente de los bienes materiales, por su puesto que no.
Parece que nunca nos conformasemos con nada, que siempre después de hacer algo está ese 'ahora me gustaría...' . Es increíble como no podemos estar en paz ni con nosotros mismos. Más increíble me parece aún que parte de esta guerra sea impulsada por un ritmo cotidiano que, incluso siendo sábado a la tarde, todos seguimos sintiendo.
Todo se trata de la atmósfera que rodea la vida, esa presión que sin darnos cuenta la sentimos y nos envuelve en una rutina, que queramos o no, la seguiremos haciendo hasta que nos demos cuenta cuán vacíos estamos.
Nos parece todo una mierda, pero la verdad, quizás esto sea porque nunca llegamos a conquistarnos a nosotros mismos, dejamos que nos arrastre una corriente de ideologías sin saber. Otros, dejan que esa corriente de ideologías los arrastre, a sabiendas, pero conquistados.
Y lleva tanto tiempo sentirse en la cima de uno, tanto tiempo. Pensar que con cualquier acto negativo, algunos se dejan caer de ese lugar y vuelven a empezar otra vez.
Pero es bueno encontrar ese equilibrio, es realmente bueno saber. Ver. Sentir. Todo como una parte de todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario